Posteado por: literartevueltabajero | 3 febrero, 2010

Bandolerismo y Guerras de Independencia: Uso de las costas y el mar.

El siglo XIX en Cuba estuvo marcado por varios fenómenos y acontecimientos políticos, económicos y sociales, que formaron parte del proceso de formación de la nacionalidad cubana. Así es la presencia histórica que no puede dejar de mencionarse: El bandolerismo.

Libre nací, libre soy,
Libre como el mar y el viento,
Libre vuela el pensamiento
Con las alas que le doy.
Si existen esclavos hoy,
Que esclavos no se les deje,
¿Quién lucha?
¿Quién los protege?
¡La hoja de acero afilada,
Si es patriótica y honrada
La mano que la maneje.

Manuel García Ponce
(Bandolero insurrecto conocido por el Rey de los campos de Cuba).

El siglo XIX en Cuba estuvo marcado por varios fenómenos y acontecimientos políticos, económicos y sociales, que formaron parte del proceso de formación de la nacionalidad cubana. Así es la presencia histórica que no puede dejar de mencionarse: El bandolerismo.

Este fenómeno cuyas causas no solo se revierten en el aspecto económico, sino que aborda las aristas psicológicas del individuo, su forma de pensar, el contexto histórico y familiar que lo rodea, así como las circunstancias que obligan a un individuo de cualquier raza o grupo social a elegir como camino el bandolerismo.


Durante el siglo que abordamos, se da este fenómeno como afirmaría uno de los capitanes generales de la Isla en aquellos momentos Emilio Callejas:”(…) como un brote que a medida cuales días pasan, se crece como las palmas (…)”


Los antecedentes históricos de los bandoleros de este siglo se ven remontados a la conquista de la isla por los españoles. Aquellos a quienes el afán de aventuras no pudo satisfacer sus expectativas de mejorar su situación económica desfavorable, decidieron adentrarse no solo en los campos cubanos, (para por la vía del asalto, robo y secuestros encontrar las “riquezas deseadas”) sino también en el mar y las costas cubanas.


Por otra parte, se pueden incluir en este fenómeno a los indios que después de la conquista, arriesgaron sus vidas escapando de las encomiendas y asaltando en las noches no solo a dueños de encomiendas, sino también a partidas de soldados, a los cuales les arrebataban las pertenencias que según se cuenta ”pertenecían antes a los nativos” Estos eran llamados indios bravos.


Con la esclavitud algunos historiadores burgueses, sobre todo españoles, asociaron el fenómeno del cimarronaje con el bandidismo o bandolerismo, tomando como punto de partida, los aislados casos de venganza personal que se llevaron a cabo en algunos lugares de la isla, por parte de esclavos “(…) para poner fin a los maltratos que les infligieron sus antiguos dueños en los ingenios (…)”.


Los casos de bandolerismo del siglo XIX, sobre todo de la segunda mitad, están vinculados a la lucha contra el poder militar español y en gran medida a nuestras guerras de independencia. Existen casos como el de Manuel García, José Álvarez Arteaga, Carlos Agüero y otros, a los que haremos mención, y veremos como mucha de sus actividades tenían como colofón el mar y las costas cubanas.


También es justo señalar como muchos de los licenciados del ejercito español iban a parar a las partidas de bandoleros, sobre todo aquellos que pertenecían a las guardias costeras, por lo que se deduce que cuando se adentraban las partidas en las costas y el mar, maniobraban con facilidad a la hora de escapar de las cañoneras españolas.

Entre los años 1867-1868, el bandolerismo en los campos y costas cubanas se acrecientan ya con un marcado enfoque anticolonial, pues los principales blancos de los asaltos y secuestros iban a ser personas vinculadas al régimen y con un buen desenvolvimiento económico.

Uno de los casos de bandolerismo mas conocido por la historiografía cubana y el habla popular es el de Manuel Hermenegildo García Ponce, conocido por el Rey de los campos de Cuba. En torno a su figura se han hecho diversas interpretaciones y juicios apasionados que resaltan su figura, su valor innato y la rebeldía del guajiro, pero por otra parte, resalta el papel que jugo como revolucionario en la lucha y resistencia contra el poder colonial español.


Su personalidad de bandolero insurrecto estuvo vinculada en los inicios a Joaquín Agüero, (a quien nos referiremos más adelante) y a Manuel Romero Guzmán (Lengue Romero). Después de 1880 García tiene contactos con Perico Torres y Félix Jiménez, quienes habían pertenecido a la partida de bandoleros insurrectos de Carlos Agüero y con estos recibió su primera orientación revolucionaria. La manigua y las costas cubanas harían el resto.


En marzo de 1886, se embarco a Cayo Hueso, en el vapor Mascotte y al llegar dirigió una misiva a Máximo Gómez para ponerse a sus órdenes como soldado revolucionario. Al embarcar hacia Cuba nuevamente trae como objetivo primordial no dejar que se apague la llama de la lucha insurreccional y apoyar los desembarcos de las posibles expediciones que llegaran a suelo cubano.


En una carta fechada el 25 de agosto al director del periódico “La Discusión”, poniéndole fin a un viejo rumor sobre un indulto que este pedía, le decía ”(…) para irme al extranjero no necesito de indulto, pues tengo entre mi gente isleños que conocen el mar tanto como yo conozco los campos de mi Cuba linda y se que me llevan nada mas de pedírselo (…)”


El caso de José Álvarez Arteaga (Matagás) quien operó al igual que García en la zona de Matanzas, se vinculó directamente a Joaquín Agüero y cuando este fue asesinado debido a una traición, Matagás huyó al monte, ubicándose por algunos días en casa del isleño Pedro Fajardo.


Fajardo le recomendó que para huir, lo mejor era salir hacia la costa, pues era más fácil ser buscado en el monte, que allí. El isleño tuvo razón pues se indica que las búsquedas para encontrar al bandido y ponerle fin a su vida en la manigua, resultaron negativas.


Matagás no volvería a ver las costas cubanas hasta el año 1887 en que se adentraría en las costas para esperar una expedición que no se produjo.


Los casos de Nicasio y Lino Mirabal estuvieron matizados por sus constantes huidas hacia las costas y bojeos, que hacían tío y sobrino por las mismas. Al estallar la contienda revolucionaria de 1895, se incorporan y no solo eso sino que entregan más de la mitad de su dinero recaudado en sus años de bandoleros para la causa.


Nicasio sobrevivió a la guerra con los grados de sargento, no siendo así el joven Lino que murió dirigiendo un convoy entre San José de las Lajas y Tapaste. Su muerte fue muy discutida, pues se planteaba que Lino le había reiterado al capitán que iba al frente del convoy que lo mejor era ir por la costa para no tener tropiezos con las tropas españolas.


En años anteriores Carlos Agüero, uno de los bandidos insurrectos más conocidos del período entreguerras, puso en jaque a las autoridades de Matanzas y en varias ocasiones embarcó al exilio a los Estados Unidos dando fe de continuar la lucha anticolonial y expresando a Gómez su compromiso de “(…) ir en auxilio de cuanta expedición tocase suelo cubano (…)”


Agüero no pudo cumplir su juramento pues fue víctima de una traición dejando su estela de bandolerismo insurreccional en seguidores suyos como lo fueron Matagás y otros.


En la zona del Mariel, que pertenecía a Pinar del Río en aquella época sobresale la personalidad de Pedro Delgado Carcache, hijo de pescadores. Delgado recurre al bandolerismo por necesidad, al tener problemas con la Guardia Civil y se ve obligado a evadir a las autoridades coloniales, primero huyendo a la costa, para después adentrarse en los montes pinareños.


Para sobrevivir en un medio alejado de sus posibilidades (recordemos que es hijo de pescadores) se vio tentado a buscar las vías para ganarse el sustento. Entre sus seguidores estaban quienes le conocían y la mayor parte de su gente eran pescadores y conocedores del mar.


Delgado después de destacarse en las filas del Ejercito Libertador, apoyó el desembarco de varias expediciones, y en carta al mayor general Mario García Menocal y Deops le expresaba” (…) si es tiempo de apoyar esa expedición, puede contar con mi ayuda, sabe usted mi general y amigo que conozco las costas de mi tierra y aún le lloro al sabor del mar (…)”.


Se tiene conocimiento por información encontrada en el Archivo Nacional que entre el 85% y 90% de su tropa inicial en el año 1895, eran pescadores o hijos de pescadores.
Delgado con la llegada de la República se retiró a una finca en las afueras de la Habana (Managua), y muchos de sus subordinados volvieron a la vida del mar y otros trataron de hacer fortuna en la vida política, en el exilio o en el olvido.


El fenómeno del bandidismo insurreccional con el fin de la guerra y la retirada de España de Cuba, llegaría a culminar uno de sus capítulos, ya que a partir de 1902 comenzarían muchos de los sobrevivientes “(…) páginas nuevas de sus vidas y en algunos casos el retorno rebelde a los campos y costas para seguir el destino con que la providencia los había marcado (…)”


Carta del gobernador general Emilio Callejas al Márquez de Santander donde hace alusión al fenómeno del bandidismo.


En este caso se encuentran las prendas de oro usada por encomenderos y soldados españoles. Se debe recordar los trabajos forzados a que fueron sometidos los indios cubanos en los ríos para buscar oro en la isla.


Apuntes históricos sobre la esclavitud y el cimarronaje de Oscar Pino Santos, p: 97


Carta de Manuel García en Apuntes sobre el bandidismo en Cuba de Manuel Poumier, p: 353.


El Bandolerismo en Cuba de Manuel de Paz Sánchez y otros, p: 153.


Ídem, p: 154.


La insurrección cubana de Tesifonte Gallego y García, p: 84.


Estos hombres conformaron la columna Hijos de Martí que se incorporaron al mando de Delgado a la invasión de Antonio Maceo en 1896.


Ocupó la jefatura del 5to Cuerpo del Ejército Libertador en la zona de occidente. Durante la República Neocolonial fue Presidente.


Correspondencia entre el entonces coronel Pedro Delgado y el general Mario garcía Menocal y Deops. Archivo Nacional. Legajo 1277. Fondos de la Revolución del 95.


Reflexiones sobre la identidad canaria en América de Manuel Hernández González, p: 75.



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