Posteado por: literartevueltabajero | 5 febrero, 2010

Para no amarte me escondo en el crepúsculo

Querer la oveja, poemario de la narradora, periodista y editora del portal Cubarte Consuelo Casanova, recién publicado por las Ediciones Extramuros.

Tras largo tiempo de ir conformando su primer poemario, sin estériles prisas, recién acaba de publicarse, por las Ediciones Extramuros, Querer la oveja, de la también narradora, periodista y editora del portal Cubarte Consuelo Casanova.

Como era de esperarse por quienes la conocemos desde tiempo atrás, su estreno en la poesía no dista de su carácter, guiado por sus habituales sensibilidad y fineza. De ahí, el cálido aroma que desprenden sus versos cuya intimidad, alta concentración y mesura, tres cualidades que de entrada ganan al lector.
Intenso volumen, a lo largo de sus cinco secciones («Un Caballero de la baraja», «La tejedora», «Grávida en su universo», «Máscara de anticuaria» y «Cartas desde París»), alientan otras características que, del propio modo, atraen a quienes penetran en su pieza y hallarán la ganancia y el placer del gusto estético en cada texto.

Y es que detrás de cada poema se advierte el riguroso cuidado del lenguaje que ha tenido la autora. Mas, tal igualmente se atisba, son plausibles la necesaria síntesis, la concreción de los temas puestos en función de cada texto y el ritmo interior, instancias que les ofrecen una suave candencia, virtud en verdad rara y, por ello, aún más válida en momentos en que algunos ¿poetas?, por el inútil intento de asombrar a quién, se extreman en malabarismos verbales y versales que solo conducen al tedio y, peor aún, al prejuicio de los lectores de poesía.

Querer la oveja inaugura la primera sección con un poema que asimismo resulta, parafraseando un importante título de Camila Henríquez Ureña, una Invitación a la lectura; tal es su calidad. Leámoslo:

HISTORIA ANTIGUA
Para no amarte  me escondo en el crepúsculo
me aíslo en una gota de lluvia
o regreso a la infancia
fotografiada junto a fantasmas y caracoles.
Para no amarte  reduzco el sol
me evado
y voy floreciendo lúbricamente.
Difícil tono
el de mi amor interminable.

Caja de filigranas se me antoja una suerte de breve autobiografía lírica, pues muy bien retrata el ser y el estar cotidianos de la creadora. Finísimo texto que, no por breve, resulta menos singular, pleno de asombros por la capacidad reflejada por Consuelo Casanova, lo que de paso evidencia las largas y hondas lecturas de poetas y poéticas.

Qué turquesas de asombro.
Qué pleno tu círculo en el tiempo.
Qué origen el de estas manos
de agua
y tierra
de ramas
y presagio.
Guardas a la mujer etérea.
Pequeño secreto el de tu espacio.

De cualquier modo, Máscara de anticuaria resulta acaso la zona de mayor intimismo en el volumen, por estar dedicados sus XIII Cantosal amor y, en consecuencia, dotados de un sutil erotismo.

Así, en el Canto VII, nos dice Consuelo:

Cuando miro tu desnudez
es mi muerte.
Número secreto de la cábala perdida.
Cuando te miro
Mi indica que no soy vulnerable:
aire y no fuego
agua y no tierra
pez y no escorpión.
Nadie podrá evitarlo.
Ni Dios.

En fin, con Querer la oveja, Consuelo Casanova se instala en su generación algo tardíamente, solo que con su mesurada expresión y su poesía de calidad, que nos llega como ese rumor que al centro de la nostalgia, acaso sugerente de la vastedad del recuerdo en que nos adentra apenas comenzamos su lectura.

Texto y foto: Waldo González López


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