Posteado por: literartevueltabajero | 8 febrero, 2010

Acerca del “Cancionero” de Silvio Rodríguez (+ Videos)

El Día de Reyes del año 2009 recibí, como regalo de su autor, un ejemplar de este precioso libro. El tono de azul de la cubierta, el angelito pensativo, posiblemente preguntón, armado que da gusto con pocos trazos en líneas blancas muy finas, así como una  referencia en letras mínimas a Ediciones Ojalá, eran sólo un avance de todo lo que se encierra en  más de seiscientas páginas donde absolutamente nada está de más o – lo que es lo mismo- donde el todo es detalle y el mínimo detalle tiene siempre un por qué.

A sabiendas de que la mano diestra y el gesto de respeto de quien ha guardado un tesoro fotográfico de muy diversas procedencias, ha ideado y llevado al trazo todas las viñetas, verificado la fecha de creación de cada una de las canciones hasta donde es posible en una obra que abarca tantos centenares de piezas, un sencillo e inevitable hojear –como quien se pone a mirar las vidrieras-puede convertirse en toda una jornada durante la cual vamos saltando de sorpresa en sorpresa y encontrando constantes razones para querer detenernos y quedarnos pensando, como si el tiempo no contara y un libro pudiera (eso pasa) volverse el centro de la vida.

Si no fuera por lo feo de esas palabras que han ido apareciendo de un tiempo a esta parte, yo declararía que se trata de un multilibro. Un día, nos deleita por los ojos si decidimos citarnos con Silvio el dibujante y recibir, de primera mano, esa colección de ratos que debe haber dedicado a detenerse en la creación de una familia integrada por ángeles tiernos o jocosos, sueltos o enlazados, sobrios o pintiparados; por algún unicornio que no estaba nada perdido sino que andaba buscando una hoja de cancionero dónde abrir su tienda de campaña; por guitarras gordas y flacas, recostadas, puestas de pie o abiertamente echadas bocarriba como mirando a las estrellas; por marañas indescifrables que no he podido clasificar entre los adornos de rejas,  barandas o aplicaciones de crochet pero que pueden no estar necesitando que se les inscriba entre las formas conocidas sino que se las deje en paz como simple ornamentos inventados por un muchacho de San Antonio de los Baños.

Usted quiere repasar su canción favorita. La busca al final, en el Índice de Canciones, donde aparece por orden alfabético. Se dirige al número de página que le ha sido asignado y va a hallarla perfectamente ubicada según el medio o la circunstancia por donde se dio a conocer, ya sea fuera de la discografía (Radio o televisión, Grupo de Experimentación Sonora, entre otros) en la discografía (agrupadas en secciones, por orden cronológico, que corresponden a cada disco y aparecen separadas entre sí mediante portadillas donde se reproduce la cubierta de cada disco. En esas portadillas podrán leerse datos o aclaraciones de  interés y valor informativo). Junto al título de cada canción, encontramos su año de nacimiento. Si alguna canción que usted escuchó una vez entre  amigos o en una grabación informal,  no se encuentra incluida en estos grupos, con toda seguridad va a tropezársela, debidamente ordenada por décadas, en la parte final, donde el autor ha colocado las piezas inéditas.

Un saludable Preludio de Silvio, nos alerta acerca de la necesidad de hacer justicia a los textos de las canciones y sus autores cuando afirma: “…prácticamente desde que empecé a componer tuve claro que si alguna vez hacía un disco, no podían faltar en él mis letras. Consecuentemente, Días y flores fue uno de los primeros ejemplos en la discografía cubana -si es que antes hubo otro-que incluye los textos impresos”. Vale mucho la pena, repasar el texto de Tupac Pinilla Núñez, el talentoso periodista devenido editor, donde nos cuenta hasta qué punto nosotros, los lectores de Cuba, estuvimos presentes en el ánimo de cuantos tuvieron algo que ver en el esfuerzo por hacer realidad la presencia en librerías, en el año 2009, de este tratado primoroso -a mi juicio, un compendio de vida y obra sin antecedentes y posiblemente, insuperable.

Un texto que el poeta Roberto Fernández Retamar titula Levanto la mano por Silvio, alisa el camino desde las primeras páginas del libro, cuando escribe: “¡Cuántos seres es Silvio, si hemos de atenernos a su prodigiosa creación!” Yo pienso que no quedará un solo lector que no suscriba sus palabras.

Almendares, 6 de febrero de 2010

Tomado de Cubadebate

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