Posteado por: literartevueltabajero | 20 febrero, 2010

Homenaje

Su lugar estuvo en nuestra casa desde que lo despreciaron por no fiero. No le valió ser nieto de Duma von Teovalche, legítima pastora llegada de Alemania con varias medallas en eventos internacionales, ni hijo de Bruno de Playa Grande, un verdadero perro policía. A Canelo ser guardián no le iba. Cuando sus hermanos de camada gruñían y ladraban a los extraños, él lamía las manos ajenas. No sirvió a los entrenadores quemarle el hocico cuando iba por el huevo, manías de perro sato sin nada que ver con su futuro de labores policiales. El día que robaron la bodega, nada más soltarlo se enredó con la jauría callejera tras una hembra alborotada. Los curiosos, hasta ese momento en silencio, explotaron de la risa y comenzaron a bromear con los policías de la patrulla. Avergonzado, el entrenador le puso el collar tras varios intentos fallidos de alcanzar un trozo de pan tirado al suelo. Después de esto lo regalaron, nos quedamos con él porque nadie mas lo quería y desde entonces fue la mascota de los niños, sin preocuparse de una paliza por no gruñir o ladrar a extraños. Parece que no quería más.

Fidel Guillermo Duarte.


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