Posteado por: literartevueltabajero | 24 febrero, 2010

Encuentro con Reynaldo González

A Reynaldo González no le gustan los homenajes, como siempre ha dicho es más dado a brindarlos que a recibirlos. Por estos días “le desbordan los reconocimientos” confesaba en entrevista, y aún cuando las preguntas no terminen hasta un buen tiempo para el Premio Nacional de Literatura 2003, sus dotes de conversador no negarán nunca respuestas ante la cercanía de una grabadora.

Con la picaresca que le caracteriza especifica que esta dedicatoria de la Feria es solo una etapa dentro del camino. “Es un reconocimiento a mi obra, pero no es el final, porque voy a seguir trabajando, a veces las personas piensan que los homenajes conllevan a la parálisis, que ya eso es todo cuanto se iba a hacer, en mi caso lo que me brindan es una caricia para que siga andando, me transmite el sentimiento y la necesidad de continuar”.

Ante la satisfacción de ver tantos de sus libros publicados y reeditados en la presente cita con las letras, se conjuga en el autor de la célebre novela Al cielo sometidos el “placer” de que el pueblo cubano pueda contar con las obras completas de Lezama Lima.

Dedicado al estudio del integrante del Grupo Orígenes y basado en el testimonio coral, técnica investigativa adquirida en su labor como periodista, González otorga en este sentido, vital importancia “al poder de las personas de consultar directamente a los autores, que no le vayan a decir dónde y qué tiene que leer, sino enfrentarse a la obra, interpretarla según sus propias conclusiones y no con las de otros”.

El también Premio Nacional de Periodismo, prefiere “exactamente todas las obras que ha escrito” y si tuviera que definirse en alguna de las profesiones en las que ha incursionado preferiría catalogarse como “escritor y punto”.

Y es que Reynaldo González constituye la historia misma del proceso de la Revolución cubana, ha vivido de todo con ella, sus vicisitudes, sus aciertos, ha “puesto su granito de arena” como el mismo enfatiza, y si se habla de política cultural en Cuba, no puede faltar su mirada aguda y crítica, no como el perspicaz espectador, sino como el protagonista que ha sido siempre.

Bien que lo ha recalcado en todos estos años “la cultura se puede dañar por decreto, pero por decreto no se restaura”, es necesario “no perder su brújula en medio de una navegación azarosa… pero sin un diálogo diáfano y directo con las todas las partes que la integran dentro y fuera del territorio, está incompleta”, pronunciaba en el discurso inaugural de la feria.

Más que periodista, ensayista, novelista, o escritor a secas como el mismo pretende que le llamen, Reynaldo constituye uno de los mayores defensores del proyecto cultural cubano, donde se mantenga la fuerza del intelecto y la creación “sin acudir a retóricas inconducentes, ni ampararnos en una dignidad de cartón… como escritores y artistas comprometidos con una realidad que muestra tantas interrogantes como posibles respuestas, sin soslayar la responsabilidad que nos reclama ni esperar ordenanzas para ocupar nuestro sitio”. Él… ya ha ocupado el suyo.

Entrevista: Mayra García Cardentey

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