Posteado por: literartevueltabajero | 7 abril, 2010

Pensar lo cubano a través de lo chino

Premio Calendario

Cuando miramos en retrospectiva la historia, encontramos que la llegada del mundo europeo occidental a la modernidad o a la llamada civilización, fue posible en gran medida, gracias al proceso de descubrimiento, conquista y colonización de territorios que hasta entonces eran desconocidos por esa parte del mundo. Lo insólito, exótico, raro, emerge en esta época como la forma en que los europeos interpretaron el sistema de relaciones sociales de los “otros.” Es decir, las culturas de los pueblos descubiertos expresadas en costumbres, hábitos, imaginarios y religiones. “Tras la huella del exotismo oriental cubano”, Premio Calendario (2009),  otorgado por la Asociación de Hermanos Saíz, del joven historiador Mario G. Castillo Santana y presentada en la última  edición de la Feria Internacional del Libro en Cuba (2010), constituye una obra que nos muestra de una manera diferente, la forma en que la sociedad cubana entendió el llamado exotismo oriental.

A través del adecuado uso de la documentación histórica y de la información ofrecida por manifestaciones artísticas como la literatura, tanto universal como nacional, la poesía y  la música, el autor intenta acercarse a su principal objeto de estudio: el modo en que Cuba ha incorporado a los chinos -como representantes del llamado exotismo oriental por los europeos- en el proceso de construcción de su nación, en el período de finales del siglo XIX y principios del XX; a  diferencia inclusive de otros países receptores de inmigrantes chinos  como EUA, México y Perú, donde fueron  notablemente discriminados.

Mediante la narrativa de escritores cubanos como son José Martí, Julián del Casal, Ramón Meza, Renée Méndez Capote y otros, el autor, realiza un recorrido por la literatura nacional de la época. De esta forma nos presenta al comerciante “Cipriano” de la novela “Carmela” de Meza y al teniente “Tancredo” de Méndez Capote. Personajes que nos muestran la forma en que fueron acogidos los chinos en la sociedad cubana en formación.
Aún más, el autor descubre los límites de estos clásicos en la forma de tratar el exotismo oriental. Mientras que José Martí recurre a la grandeza de la filosofía del taoísmo y Julián del Casal al arte japonés, Mario Castillo nos ofrece una visión transgresora del tema. Reconoce la magnitud de la presencia china, tanto en el proceso del nacionalismo cubano como en el lugar que ocuparon en la vida cotidiana, como dueños de comercios y talleres de lavado.

De manera que la novedad de esta obra no sólo es su incursión en los posibles aportes de una cultura de menor presencia como la china, en la conformación de nuestra cultura; sino también en su acercamiento a  cómo la sociedad cubana, apoyándose en los patrones chinos, generó alternativas en sus estilos de vida, como las prácticas de consumo, diferentes a los patrones españoles y africanos, más abordados tradicionalmente.

A través de los imaginarios tejidos en la literatura en torno a lo chino y al estatus con el que contó este grupo dentro de nuestra sociedad, el autor plantea que durante el período de 1910 a 1915 se dio una reanimación  del exotismo oriental, entendido como el gusto cubano por lo chino. La percepción del elemento africano como lo bárbaro, la deslegitimación de lo español y la carencia de espiritualidad de lo norteamericano, son algunos de los presupuestos de los que se vale para demostrar en este contexto, la familiarización de lo cubano por lo chino. Emergiendo los patrones chinos como otra posibilidad a las que recurrieron los diferentes sectores y clases sociales cubanas en el consumo cotidiano y expresadas también en manifestaciones artísticas como la música.

En este ámbito el autor presenta la tesis que la corneta china, utilizada en el conjunto instrumental de las comparsas santiagueras del carnaval, reconocida por especialistas sobre el tema, como uno de los legados chinos en la música cubana, ha sido una apropiación popular como expresión de ese gusto por lo chino. ¿Por qué en los ámbitos chinos habaneros no se ha encontrado influencia del uso de la corneta china? es una interrogante que se hace el autor, cuestionándose si realmente la corneta es china, puesto que Santiago de Cuba no fue uno de los espacios de mayor concentración de estos grupos.

El origen de la corneta, china o catalana, necesitará de otros argumentos para su comprobación. Su simple cuestionamiento significa lo relevante de esta obra que nos hace pensar  constantemente, en el conocimiento que tenemos de nuestra historia y de la importancia de los mitos para los pueblos como “condensaciones de creencias y valores socialmente compartidos, desde los cuales se construyen las realidades de una época.”

Recurrir a este libro es una propuesta,  que nos hace el autor de pensar nuestro  “ajiaco” cubano una vez más, por vías o modelos alternativos a los  tradicionales, ofreciéndonos otros puntos de vista enriquecedores de la visión que tenemos de nuestra realidad.

De manera que esta reseña crítica se convierte en una invitación a la lectura de esta obra, como una propuesta de pensar lo cubano a través de la variante china. Es una oportunidad que tenemos desde el presente de seguir reconstruyendo nuestra historia con presupuestos y argumentos sólidos como los que caracterizan el hilo conductor de esta obra.

Cortesía de Giselle Lobaina (La autora es historiadora e investigadora del Instituto Cubano de Antropología)


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