Posteado por: literartevueltabajero | 8 junio, 2010

CUANDO LEER ES CAMINAR POR UN ANDÉN DE SUEÑOS

“En la ciudad de La Serena…”, así comienza el cuento “El Andén de los Sueños, que también da título a este nuevo libro del escritor Luis  Aguilera, que nació en Valparaíso, Chile, en 1957, pero que, como él mismo manifiesta en su biografía, en 1980 se establece definitivamente en la ciudad de La Serena, donde se incorpora de forma permanente a las actividades políticas y culturales.

He querido citar las palabras que dan inicio a este cuento, porque expresan claramente el escenario natural en que se desarrollan los trece cuentos recogidos en El Andén de los Sueños, o que sirve de centro generador para el viaje de los sueños y de la imaginación: la ciudad de La Serena y la Región de Gabriela Mistral, Coquimbo.

Es importante tener esto presente, al analizar o simplemente leer por el disfrute que puede producir una obra literaria, debido a que el escenario natural en que se desarrolla la narración contribuye a su definición, a la vez que justifica el lenguaje y la forma en que actúan los personajes que cobran vida a través de sus páginas. Como lo es también conocer el contexto socio-cultural y la biografía del autor.

Sentarse a conversar con Luis  Aguilera es conocer al cuentista nato, que de forma natural nos va revelando ese narrador que lleva dentro y del que no puede separarse ni en los momentos más graves de su vida. Entonces uno aprende a sentir sus personajes literarios como parte de la vida natural y real en que se desenvuelve cada día; incluso (como ha sido en mi caso, y el de otros amigos suyos), puede llegar a conocer personalmente a muchos de esos hombres y mujeres de carne y hueso que Luis Aguilera toma como prototipos y, mediante la generosa carga de imaginación que posee, los convierte en personajes de sus cuentos; hasta que llegan, finalmente, a ser reconocidos como parte de esa familia literaria que todos tenemos, y que cada día crece más y más.

Como viniendo también a corroborar lo anteriormente dicho, es común que este autor, amigo de la vida y del amor manifiestos, los haga aparecer y reaparecer en muchos de sus cuentos, sin que resulten intromisiones y hasta alguno que muere en un cuento y aparece en otro; a tal punto que, muy pronto, el leer su producción narrativa podría hacerse –como la de todo buen escritor– de forma novelada, donde cada cuento o narración forma parte de esa gran obra que se va elaborando, y a la cual ellos tributan como “fragmentos arbitrarios”, que se van revelando a través de los años.

Visto así, leer los cuentos que conforman “El Andén de los Sueños”, es una aventura que nos conduce, en muchas ocasiones, por los vericuetos de la biografía del autor ficcionada y todas las influencias que ha ido recibiendo, ya sea por sus lecturas, o por su interacción diaria con el entorno y los seres humanos con quienes comparte el día a día, en toda la complejidad que significan las relaciones humanas. Y es, ante todo, agradecer el hecho de que junto a la dedicación y el sentido crítico y responsable, el humor y la sátira salgan airosos en diversas situaciones en que vienen a salvar al lector de lo meramente trágico, polémico o aleccionador; que también, en cierto sentido, debe proporcionar una obra de arte verdadera, cuando parte de la vida misma, desde el interior del autor y no como algo impuesto por intereses y fuerzas exteriores.

No hay que asombrarse, entonces, si después de leer “El Andén de los Sueños”, sentimos caminar a nuestro lado, con todas sus aventuras y desventuras, a personajes tan queridos para Luis Aguilera, como es el “Guatón de Invierno”, que Eduardo miraba desde el balcón de una humilde hospedería estudiantil y que sigue ante nosotros “dando “giros–semigiros–vueltas–semivueltas”, “baila y canta”, se tira de frente en una vuelta de “carnero” para caer de pie, mientras otros le hacen un redondel…” (“El Andén de los Sueños”); Plutarco Astrosorobabel, con sus zapatos “Plomizos-Verdosos”, despertando sobreexcitado de su letargo, mientras fuera de la garita, el Director del establecimiento golpeaba enloquecidamente los ventanales (“El Rondín”); La Princesa Diaguita, con su “bronceado indígena perfecto, con una gracia extrema y ondulante, del mestizaje errabundo de los pueblos del Valle de Elqui” (“La Princesa Diaguita”); el Ruco, que “es un río desbordante de historias, y podría pasar días enteros relatándolas” (“La noche que el Ruco quebró la luna”); todos los entrañables personajes de “Un río de estrellas”, “El barco varado”, “El niño vagabundo del Pulclaro”, hasta quedarnos “escuchando –filosofando un largo rato–, cómo la lluvia golpeaba los ventanales de la casa y la noche silbaba una canción a lo lejos…”, en “Apagar las estrellas y extinguir el sol”.

Estos son algunos de los personajes que el lector encontrará al abrir las páginas de este libro y caminar por su Andén de Sueños, conducido por la mano segura y compañera de Luis Eduardo Aguilera, a la vez que poemas y canciones de varias latitudes le acompañarán también, como intertextos de anunciación, para que la fiesta de agradecimiento que le espera en la última página, sea algo más que una invitación a la espera de su próximo libro.

Pepe Sánchez

18 de enero del 2008

Santiago de Chile

Poeta, narrador y ensayista

Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)

Director de la revista cultural digital “Calle B”

Cienfuegos, Cumanayagua, Cuba

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