Posteado por: literartevueltabajero | 28 julio, 2010

Del lobo, un pelo

Sin pecar de optimistas, pero tampoco plegados al pesimismo, la Casa de la Décima Celestino García de Pinar del Río, asumió en sus predios los cuatro días del Carnaval Pinareño con el entusiasmo y la devoción que pueden ungir a los elegidos de su identidad, los amantes de la estrofa mágica.
Si bien no vibraron las calles con los jubileos memorables patrocinados en honor al Santo Patrón  San Rosendo en el siglo XIX con las vistosas Fiestas de los Bandos y mucho menos los fuegos artificiales estallando al paso de comparsas, carrosas y risas de la estrella y sus luceros en pleno siglo XX y su década floreciente de los ochentas, a un costado de la ciudad y a orillas del río Guamá, un Ranchón de guano cobijó cuerdas, rimas, canciones y poetas para legitimar que la Viajera Peninsular sigue vive y se enaltece en su modalidad más espectacular, el repentismo.
Con la conducción de los poetas Juan Montano Caro y Oscar Santana Scull, así como el soporte musical del Grupo Fulgor Campesino, el foclor criollo brilló en ritmos y versos.
La cita estival propició variados espacios con un amplio espectro de opciones, desde la ronda de los poetas, tonadas, pie forzados, diálogos, controversias, piropo cantado hasta los típicos bailables.
Con una convocatoria absolutamente espontánea, tanto los vecinos de la comunidad como numerosos visitantes atraídos por el género, disfrutaron de las improvisaciones en las voces de Renito Fuentes, Candito Lemus, Osvaldo Díaz, Jesús Padilla, Cirilo Gonzáles,  Gustavo García, José Lorenzo Delgado, los hermanos Jesús y Gilberto Padilla, Luis Valdés, Basilio Echevarría, Eloy Sánchez, Octavio Domínguez, Luis Manuel Martínez, Adriel Ceballos, así como una representación de los talleres de repentismo infantil en los pequeños Manuel Miló y El Gallito.
Las voces femeninas en su dicotomía verso-canción tuvieron su presencia sonora en las figuras estelares de Adelfa Velásquez y Esther Martínez.
La vertiente azteca como huella imborrable de aceptación popular en Cuba también estuvo presente en las rancheras de Alberto Álvarez.
La música abarcó variados géneros en sones, guarachas, boleros, cumbias y las célebres guajiras al estilo de Celina González.
Especial audición ocuparon los solistas Márquez, Arturo Barroso, Adriel Corrales, Benito Ramos y otros.
Los paréntesis literarios propiciaron el acercamiento a la obra decimística no solo de los escritores del patio, sino de los clásicos como Cucalambé, Naborí, Pablo León, Francisco Henríquez, protagonistas de plegables, libros y revistas presentados en cada ocasión en selecciones tomadas de Carta Lírica (Miami), Revista Norte (México), La Urpila (Uruguay) y otros textos que forman parte de la biblioteca de la entidad.
La Casa de la Décima Celestino García experimentó en estos cuatro días, del 15 al 18 de julio, el suave susurro que mece las ondas del Guamá a los acordes de guitarra, laúd y tres para elevar, en la voz de los poetas, la malara criolla a su más entrañable Parnaso, el corazón de los cubanos.

Cortesía Lorenzo suárez Crespo


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