Posteado por: literartevueltabajero | 26 agosto, 2010

La saga japonesa en el occidente cubano: La otra parte de la emigración asiática en Cuba

La saga japonesa en el occidente cubano, publicado por Ediciones Loynaz, del reconocido historiador consolareño Rolando González Cabrera, se convierte para los amantes e investigadores del tema en cuestión, un libro de obligada consulta para conocer más a fondo la odisea vivida por aquellas personas que en busca de mejorar fortuna salieron a explorar nuevas tierras, sin dejar atrás sus costumbres y el amor a sus raíces.

Rolando González, reconocido investigador que ya nos mostró anteriormente, también por la misma casa editora, los libros: Una mirada consolareña a la República y Herradura City nos adentra en este valioso e indispensable documento para comprender cómo y cuáles fueron las causas de este atípico proceso migratorio que provocó la salida en masa de cientos de miles de personas de la tierra del Sol Naciente, y que  tuvo como protagonista en gran medida al suelo vueltabajero.

El lector disfrutará de relatos amenos y sobrecogedores que estampados en estas páginas, deslindarán los principales motivos que estimularon la presencia de estos seres emprendedores y laboriosos, en la región más occidental de Cuba, así como las características esenciales de los asentamientos poblacionales más importantes que establecieron en diferentes lugares de la provincia de Pinar del Río, tales como es el caso de la Hacienda Cortina, conocida popularmente como La Guira, Minas de Matahambre y la famosa colonia que ocupó gran parte de la extensa sabana del municipio de Consolación del Sur, y que fuera fundada durante la primera mitad del siglo XX.

Por cada párrafo que el lector recorra, irá descubriendo desde las primeros habitantes llegados desde Japón, hasta la última migración acaecida después de los aciagos días que sobrevinieron al finalizar la II Guerra Mundial y el lanzamiento de las bombas atómicas lanzadas por el gobierno de los Estados Unidos a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de Agosto de 1945 respectivamente. Por otra parte, verán los testimonios de participantes de esta gesta, se adentrarán en los cruentos días de labor que tuvieron para lograr los enormes y hermosos melones que tan famosos se hicieron hasta bien entrado algunas décadas después del triunfo revolucionario de 1959.

Al lector, solo nos resta invitarlo a que disfrute de un interesante capítulo de nuestra historia local y a conocer más interesantes pasajes de lo que sería llamado por el prestigioso investigador y etnólogo Don Fernando Ortiz: el rico ajiaco cubano.

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