Posteado por: literartevueltabajero | 19 octubre, 2010

Antonio Guerrero Rodríguez: el poeta soldado que siempre regresa

Los guardias de seguridad en la prisión de Florence, en los Estados Unidos ni cuenta se dan de las fugas constantes de uno de sus prisioneros. Ellos pasan y lo ven dentro de la celda, pasan y lo ven en el patio, unas veces en el aula, a horas exactas en el comedor, en días predeterminados en la sala de visitas….Los guardias de seguridad están entrenados para ver, no para mirar: ignoran que es imposible privar de libertad a un poeta.Será porque, como advierte Eduardo Galeano, “la justicia es ciega de un solo ojo”. Los guardias hacen su ronda y solo alcanzan a ver a un recluso entre pinceles, colores y cartas. Todo está en perfecto orden, piensan. La justicia norteamericana está tuerta desde hace demasiado tiempo.

El poeta soldado vuela, ¡se da unas escapadas…!, pregunten a sus compañeros, pregunten a sus musas. A los cuidadores de la soledad, no: ellos fueron amaestrados para controlar a los penitentes y descartar la emoción.

Hacen la ronda de rutina. Es seco y tormentoso el sonido de sus botas. El poeta solo escucha la voz de adentro, y se desangra en rimas. Mil rostros y voces encienden la luz. La inspiración se le atraviesa entre los párpados, como una mujer, y entonces no puede dormir.

Sale en las noches y encuentra las hojas del camino y se da un baño de vida. Al amanecer está como nuevo, hombre recién nacido que emigra cada minuto del dolor. Ahí está la guardia. Cambio de turno. Sin novedad, informan, y en la celda del poeta hubo inundación de besos y de versos.

La posibilidad de encarcelar a ese hombre es tan remota…, pero aquellos que dieron vuelta a la llave en la cerradura lo ignoran. No obstante, del lado de acá sí tenemos una absoluta certeza: Regresaré es esa palabra suya que nació un día para ser eterna promesa.

Este 16 de octubre es el día de su cumpleaños y estará de carnaval la esperanza en la prisión de Florence. Él dará sus clases, retocará la pintura de la niña que creía acabada, compartirá con sus compañeros el arroz amarillo de la madre, los dulces de la hermana, y con el estómago vacío sentirán todos, contento el corazón.

También habrá brindis y baile y la celebración durará hasta el día siguiente. Quizás alguien note el agua en sus ojos, “es tan misterioso el país de las lágrimas”, le recuerda el Principito. Entonces, él evocará este poema en un dos por tres y lo regalará: Tómalos si te sirven,/ para cruzar el mar/ o algún abismo./ Guárdalos, si tú quieres,/ en el centro de ti mismo.

Aplausos, risas, alboroto. No hay preocupación. Las cámaras de vigilancia de la cárcel no están diseñadas para captar la alegría del espíritu.

51 años cumple el poeta soldado Antonio Guerrero Rodríguez: un cubano-duende que se fuga constantemente por la ventana de una celda demasiado estrecha para tanta libertad.

Mirtha me lo repetía: “Tony es aquel que sin salir de prisión tiene un millón de amigos”. Es verdad y tiene razón también el verso: Contra el amor del bueno no hay quien pueda.

¡Ah!, casi lo olvidaba. Felicidades, Tony. Puedes venir a repartir y recibir de esos abrazos, que al decir de Galeano “rompiéndonos nos junta”. Bien sabes que los guardias de seguridad, en Florence, ni siquiera lo notarán.

Colaboración de Marlene Caboverde Caballero

 

Los guardias de seguridad en la prisión de Florence, en los Estados Unidos ni cuenta se dan de las fugas constantes de uno de sus prisioneros. Ellos pasan y lo ven dentro de la celda, pasan y lo ven en el patio, unas veces en el aula, a horas exactas en el comedor, en días predeterminados en la sala de visitas….Los guardias de seguridad están entrenados para ver, no para mirar: ignoran que es imposible privar de libertad a un poeta. 

Será porque, como advierte Eduardo Galeano, “la justicia es ciega de un solo ojo”. Los guardias hacen su ronda y solo alcanzan a ver a un recluso entre pinceles, colores y cartas. Todo está en perfecto orden, piensan. La justicia norteamericana está tuerta desde hace demasiado tiempo.

El poeta soldado vuela, ¡se da unas escapadas…!, pregunten a sus compañeros, pregunten a sus musas. A los cuidadores de la soledad, no: ellos fueron amaestrados para controlar a los penitentes y descartar la emoción.

Hacen la ronda de rutina. Es seco y tormentoso el sonido de sus botas. El poeta solo escucha la voz de adentro, y se desangra en rimas. Mil rostros y voces encienden la luz. La inspiración se le atraviesa entre los párpados, como una mujer, y entonces no puede dormir.

Sale en las noches y encuentra las hojas del camino y se da un baño de vida. Al amanecer está como nuevo, hombre recién nacido que emigra cada minuto del dolor. Ahí está la guardia. Cambio de turno. Sin novedad, informan, y en la celda del poeta hubo inundación de besos y de versos.

La posibilidad de encarcelar a ese hombre es tan remota…, pero aquellos que dieron vuelta a la llave en la cerradura lo ignoran. No obstante, del lado de acá sí tenemos una absoluta certeza: Regresaré es esa palabra suya que nació un día para ser eterna promesa.

Este 16 de octubre es el día de su cumpleaños y estará de carnaval la esperanza en la prisión de Florence. Él dará sus clases, retocará la pintura de la niña que creía acabada, compartirá con sus compañeros el arroz amarillo de la madre, los dulces de la hermana, y con el estómago vacío sentirán todos, contento el corazón.

También habrá brindis y baile y la celebración durará hasta el día siguiente. Quizás alguien note el agua en sus ojos, “es tan misterioso el país de las lágrimas”, le recuerda el Principito. Entonces, él evocará este poema en un dos por tres y lo regalará: Tómalos si te sirven,/ para cruzar el mar/ o algún abismo./ Guárdalos, si tú quieres,/ en el centro de ti mismo.

Aplausos, risas, alboroto. No hay preocupación. Las cámaras de vigilancia de la cárcel no están diseñadas para captar la alegría del espíritu.

51 años cumple el poeta soldado Antonio Guerrero Rodríguez: un cubano-duende que se fuga constantemente por la ventana de una celda demasiado estrecha para tanta libertad.

Mirtha me lo repetía: “Tony es aquel que sin salir de prisión tiene un millón de amigos”. Es verdad y tiene razón también el verso: Contra el amor del bueno no hay quien pueda.

¡Ah!, casi lo olvidaba. Felicidades, Tony. Puedes venir a repartir y recibir de esos abrazos, que al decir de Galeano “rompiéndonos nos junta”. Bien sabes que los guardias de seguridad, en Florence, ni siquiera lo notarán.

 

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