Posteado por: literartevueltabajero | 3 febrero, 2011

La vida y otros sueños: tránsito de lo personal a lo universal.

Después de tres décadas que publicara el la colección Pluma en Ristre de la Editorial  Arte y Literatura su primer libro de poemas bajo el título de “Crónicas y Rumores”, lo que primero llama la atención  en el cuaderno de versos que Luis Alberto Figueroa ahora nos entrega  en Ediciones Loynaz es la vehemencia de su titulo, La vida y otros sueños, desde el que nos advierte sin falsos tapujos  ni edulcoraciones que,  el modo clásico de Calderón de la Barca, el poeta asume su aventura por la vida como un sueño inconcluso que no se basta a si mismo y. a modo de reproche, se desborda en otros sueños que necesita para definir su entorno y su época.

Téngase en cuenta de que nos enfrentamos a la poética de un autor que frisa los sesenta años, es decir, que  aunque es en los albores del Siglo XXI, que salen estos versos , ellos responden a la estética  de la llamada por unos  “Generación del Setenta” y por otros “La Generación de los Caimaneros” , por ser la revista El Caimán Barbudo la que núcleo y promovió a estos artistas que, como denominador común, tienen el haber recibido desde  la adolescencia el triunfo de La Revolución.

Con esto quiero decir que  escritores como Raúl Rivero y Luis Rogelio Nogueras en primer termino, y otros como Victor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera y Sigifredo Álvarez Conesa, para mencionar algunos, son el punto a colimar  a la hora de evaluar esta poesía que, bien por el fatalismo de ser un escritor de provincia o por una particular reticencia de Figueroa, para decidirse a publicar su obra, hacen que sea ahora la hora de  enjuiciarla  y con todas las de la ley que le impone la contemporaneidad.

Bueno es aclarar que dichos Caimaneros no fueron un movimiento renovador sino que, a mi juicio, constituyen un fuerte estrechonazo epigonal de poetas que los anteceden, y me estoy refiriendo a la “Generación del Cincuenta”, y que sus mejores aciertos estuvieron en llevar asta las ultimas consecuencias la veta coloquial o conversacional en la poseía.

Así, en el libro que nos ocupa, más que a sus colegas de generación, debe buscarse la influencia de  poetas como Eduardo LÓPEZ Morales o del también pinareño Heberto Padilla. Es que la espiral de “La vida y otros sueños “desemboca en una poesía cerebral, de alto aliento filosófico, que unas veces se recrea en ambientes y afectos familiares muy íntimos y otras rompe el marasmo del ser “en sí” al modo sarteano, e intenta, y lo logra, proyectarse hacia un “para sí” que absorbe las más disímiles aristas de la vida.

Ahora bien, como reza el refrán de  que “No hay mal que por bien no venga” el hecho  de que los versos de Figueroa salgan tardíamente al ruedo público, le aporta un coqueteo muy sutil con el modo de hacer la poesía de generaciones posteriores, y como de vuelta de todas las utopías, nos llega con una vigencia y una autenticidad bien singulares.

Un singular, si tuviera que clasificar  la poética de “La vida y otros sueños” y de su autor, emplearía este termino para que de la combinación del mosto añejo con la irreverencia de estos tiempos de post-modernidad, lo que llega al lector es una órbita personalísima, unas veces amarga y otras tiernas, siempre profunda, que estremece y conmina.

El filosofo danés Soren Kinkegaard, uno de los precursores del existencialismo, propone como concepto la pulsación del salto al abismo con mucho de “miedo y temblor”. Y es precisamente el miedo a envejecer con mansedumbre y ese temblor íntimo  de la reacia personalidad de Figueroa es lo que nos fascina y nos lleva a un rapto de lo personal a lo universal, dejando, una vez terminada la lectura, la grata e inquietante sensación de que , como  dijo Don Quijote a su escudero: “…los perros ladran, señal de que vamos cabalgando”.

Un libro que puede catalogarse de bello, y en el que su autor asume desde la ilustración de la portada hasta las palabras que lo resumen  en su contraportada, pasando, además , por versos  como los dedicados al hermano, donde reza qué:

Las razones no valen

Para que otros las cuenten

En sus tertulias ,  de oídas

Al vuelo del oportunismo.

Hasta otros menos agresivos donde el éxtasis de lo grato queda resumido desde sus inicios en:

June yace tendida cuanto es

hacia un techo  de infinito blanco…

O en ciernes como:

…en aquellos cuartos alquilados

con el modesto precio de tu cuerpo.

Ya en la despedida del libro, con la irreverencia, agónico balbucear que aún en su  hondón no olvida lo lúdrico del poema:

No soporto esa mirada

ni el guiño involuntario de tus ojos

cuando revisas el sobre estrangulado

del mísero salario de profesor

que traigo cada mes a nuestra casa.

En fin, luego de finalizada la lectura de “La vida y otros sueños”, podemos resumir que, mas allá del marasmo de los gustos estéticos, hemos transitado por una poesía que nos acompaña, nos solivianta e incita a no ser pasivos como simples espectadores y nos incorporemos, desde nuestra particularísimas  personalidades, a la espiral  de la vida como sueño inconcluso, ceja cotidiana, oportunidad única de la que unas veces, felices y otras tristes, debemos dar testimonio a los otros.

Cortesía de LUIS HUGO VALIN

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