Posteado por: literartevueltabajero | 20 octubre, 2011

Miriela Mijares: “Que pasará si no decimos ¡ya!”

Se dice a sí misma “artista folclórica”, donde oye una tumbadora se le “van los pies”. Le encanta la rumba, los temas anglosajones y el rap, pero ninguna de estas es la esencia de la música que hace.

Proviene de una familia con fuertes tradiciones sonoras, es pinareña de pura cepa, y trata sobre manera mantener las esencias culturales de Vueltabajo. Miriela Mijares, intérprete, compositora, guitarrista, conversa con Guerrillero a propósito de la Semana de la Cultura Cubana.

La cultura cubana y pinareña atraviesa hoy por serias disyuntivas ¿Cómo percibe usted ello?
La cultura en Pinar del Río ha estado marcada, en los últimos tiempos, por la pérdida, no solo en aspectos materiales sino en valores morales, culturales. Las costumbres se pierden de un año para otro. Esto viene de la mano de las escaseces, es verdad, pero también de la negligencia, de la falta de sensibilidad de los que han tenido que llevar los proyectos adelante y no lo han hecho. Han sido caminos diversos.

¿La pérdida de valores culturales tiene, entonces, que ver con cambios epocales o circunstanciales?
Cuando era joven mis hobbies eran el cine y la lectura, algo perdido totalmente, no en Pinar del Río, sino el país completo. Antes la juventud con un libro y un cine dónde ir a ver una buena película, tenía su tiempo libre resuelto. La provincia ha perdido una tradición muy importante, el pueblo ya no va a los lugares. Hay importantes espectáculos de todo tipo en el Milanés con un público de cuatro personas; no es ni siquiera que los artistas no vengan a la provincia, no haya un arte que brindar, que interiorizar para ser mejores individuos; la mayoría de las personas en Pinar no saben que esas cosas existen. Mucho atenta el desconocimiento de las propuestas culturales, pero a veces las personas lo saben y no van.

Perdieron la costumbre de ir al teatro, al cine, a los espacios culturales, primero porque lo cerraron todo, dejamos de tenerlos, no por un año, por más de una década, entonces, ¿adónde íbamos? Mi generación envejeció y la que vino no aprendió a ir a los teatros.

No cree que se deba también a otros factores como una mala gestión cultural, una programación ineficiente, un espectáculo cuestionable…?
Todo colabora en contra a la misma vez, si fuera un solo componente no crecería la mala educación, la falta de cultura, la falta de sensibilidad, la superficialidad. Hemos dejado que el mal gusto, las carencias favorezcan a que la cultura general del pueblo disminuya. A veces nos conformamos con que las cosas sean así y más nada.

Uno de los principales cuestionamientos en la provincia es la ausencia de fiestas tradicionales características, como existen en otros territorios…
Ha sido una carencia pinareña de hace mucho tiempo, no de toda la vida, en la época de mi padre sí existían estas fiestas. No sé cómo eran pero existieron en Vueltabajo y cuentan que era una tradición muy fuerte. Ha habido varios intentos de organizar una celebración que sea pinareña, que nos identifique. No se ha logrado. Pinar del Río ni siquiera se puede decir que es la ciudad de… hubiéramos podido ser la de las columnas, de los portales, pero esas ciudades son otras.

Incluso en la caracterización que se brinda de Pinar del Río en los principales portales digitales de turismo se define como la “provincia más occidental de Cuba”
Así de insípida se maneja nuestra historia. No es que lo sea, dejamos que se empleede esa manera.

En este sentido ¿qué papel le otorga a la labor desarrollada por las instituciones para la preservación de las costumbres, tradiciones, valores culturales?
La carencia fundamental de nuestra cultura en los momentos actuales es el concepto. Para poder hacer algo y sacarlo de la nada, – ya tenemos que sacarlo de lo más profundo, se ha perdido todo-, hay que establecer conceptos y partir de ahí. Inviertes en los artistas, tratas de dar un producto para el pueblo que puede ser valioso, pero se pierde el concepto. ¿Cómo vas a programar dos actividades que coincidan en dos instituciones separadas por una pared? Hay que establecer patrones, metas, y para eso tienes que darle nombre a las cosas, conocerlas para incluso nombrarlas. Hay desconocimiento, las personas dirigen una institución y no saben qué significa, entregan un premio y no saben la historia que tiene, van allí cumplen con el momento, quizás se preparan superficialmente pero no saben lo que hay detrás. Hay un ignorancia a veces parcial o total de elementos, incluso de los que están en nuestras funciones, como artista, como funcionario.

Ahora muchos le imputan la pérdida de valores estéticos, culturales a nuevas tendencias como el reguetón…
Se enfoca mal. Para gustos los colores, no puedo juzgar el nivel cultural de una persona porque escuche reguetón, Van Van o mi música. Todos los géneros tienen su importancia y sus seguidores. Lo que sí es digno de combatir es la chabacanería. Hay obras de cuestionables valores para nuestra juventud y puede ser lo mismo de un reguetonero, de un salsero o trovador. Que no todos seamos la misma cosa, es la riqueza de la cultura de este país.

¿Cambios en la política o en la gestión cultural?

Todo está escrito, estipulado incluida la política cultural para el pueblo cubano. Lo que está mal y en estos tiempos más que nunca, es la interpretación de esa política y la puesta en práctica, a veces, inescrupulosamente. Este país ha vivido de las coyunturas sociales, ha estado permanentemente en cambio, no solo de lo que creamos, si no de lo que nos traen o nos llevan. Lo penoso no es tener pocos recursos, siempre en menor o mayor grado hemos lidiado con eso, sino que los utilizamos en propuestas que no enseñan, no hacen un ser humano mejor, no enriquecen la cultura.

Los artistas que luchamos mucho por la cultura y queremos que nuestra provincia salga adelante, que nuestra gente sea mejor, nos tenemos que sentir de manos atadas, no somos los que determinamos. Hay muchos artistas que varían con las épocas y cambian de color como los camaleones; hay otros que no, nos hemos sentado a esperar a que otra época llegue, no hemos hecho concesiones.

Y con ello quién pierde…
Las personas, por supuesto. A quien afecta es al pueblo, a la tradición, a la cultura. Que un niño en un cumpleaños solo oiga reguetón y no Teresita Fernández no le perturba a ella, sus canciones van a existir toda la vida, son canciones para siempre. ¿Y la sensibilidad del niño, de la gente, quién la mantiene, quién la enriquece? Un poquito de todos nosotros.

Los niños de hoy son los mayores de mañana. Si esto no lo tomamos de la mano y le ponemos freno para bien de la sensibilidad humana, qué será de las generaciones futuras, del hombre de aquí a 20 años, qué queda si no decimos ¡ya!

Autoría de Mayra García Cardentey. Web Guerrillero http://www.guerrillero.cu

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